Vivienda y política de izquierda

Silvana Pissano

Vivienda y política de izquierda: Entre la precariedad habitacional y los asentamientos.

Silvana Pissano1

La palabra Vivienda desde la política, nos remite a un mundo complejo de múltiples órdenes, dimensiones y actores, aquí solamente esbozaré dos de ellos que devienen en la precariedad habitacional y en los asentamientos como forma de alimentar la reflexión y la praxis desde un pensamiento de izquierda.

El más cercano, el orden social, nos hace pensar el tema vivienda desde las personas, desde nuestra necesidad de habitar y de tener una vivienda digna. Aquí se despliega un sistema abierto de reflexiones en torno a cómo se accede a una vivienda (la compramos, la alquilamos, la heredamos), cuales son los modos de producción y gestión (o sea la hacemos nosotros mismos y cómo nos organizamos para ello, aparecen las cooperativas, la autoconstrucción, la posibilidad de participación).

Cuando entendemos la política desde un pensamiento de izquierda, sin duda para mí, sinónimo de justicia social vemos que la forma de acceder a esa habitación propia es desigual en términos de sexo, de raza, de edad y de ingresos. Los grupos más vulnerables tienen menos posibilidades de acceder a una vivienda de calidad. Así llegamos a encontrar un número significativo de personas que viven en la “precariedad habitacional”. Nos referimos a la gente que duerme sobre un piso de tierra, que tiene techo de nylon, donde duermen niños/as con mayores hacinados en un cuarto, mujeres solas con hijos/as que ocupan edificios abandonados que no tienen baño ni el funcionamiento de un sistema de agua o de evacuación. Por eso a la precariedad, vista desde el quehacer político y desde una ética de izquierda le adjuntamos el término “emergencia” porque urge el comprometernos a transformar a la brevedad esta forma indigna como viven los pobres urbanos, aun sabiendo que no se trata exclusivamente de un problema habitacional, sino también cultural, de posibilidades de acceso a la educación y al trabajo.

La mayor parte de esta “pobreza urbana” no está, como se cree, concentrada solamente en los asentamientos, se encuentra tanto concentrada en las periferias como dispersa en muchos intersticios del centro de la ciudad.

Esto me da pié a introducir el segundo orden que quería mencionar, el orden territorial. Este sistema, el territorio, significa entre muchas otras dimensiones, poner la mirada en lo urbano, en esto que hemos construido culturalmente y que son las ciudades donde habitamos. Es, situados desde este orden, que hablamos de los asentamientos ilegales e informales, bolsones donde la gente ha ocupado tierras ilegalmente desde hace muchas décadas y por distintos motivos (las políticas de ajuste estructural que derivaron en la precarización del empleo y la liberalización de los alquileres, el achicamiento del “estado de bienestar” y su insuficiente inversión en producción de vivienda de interés social, entre otras causas), pedazos de ciudad, asentamientos y también entornos deprimidos caracterizados por la precariedad urbana.

Cuando vemos la ciudad desde el pensamiento de izquierda, es cuando vemos la desigualdad que aún existe en el acceso a los recursos urbanos (acceso al transporte, a una calle que no sea de barro, a un medioambiente no contaminado con saneamiento y agua potable, a transitar bajo una iluminación segura, y más) y entonces vemos que esa desigualdad se traduce en “segregación territorial”, nuevamente expresada en derechos recortados de mujeres y hombres a equipamientos educacionales, de salud y también de ocio. ¿Cómo traducir ese pensamiento de izquierda si no es poniendo el mayor énfasis en la justicia socio-espacial?

Los énfasis programáticos en materia habitacional que la propuesta de Constanza Moreira recoge, reconocen la existencia de una ciudad dispersa, con tierras privadas vacías a la espera de valorización, en algunos casos con infraestructura pública ociosa, los inmuebles edificados abandonados en zonas centrales y consolidadas y la necesidad de hacerse de carteras de tierras para programas públicos, factores indispensables para pensar en una política socio habitacional que permitan revertir la precariedad urbana y de vivienda combatiendo desde una justicia redistributiva la segregación y la exclusión territorial que sufren los grupos más vulnerables.

Destaco una de las propuestas, que considero de impacto y que tiene que ver con la consideración del suelo urbano como bien social. Si la legislación uruguaya prevé genéricamente la solución a los problemas mencionados en los artículos 63 (Expropiación por incumplimiento de deberes territoriales), 65 (Prescripción adquisitiva) y 67 (Carteras de Tierras) entre otros, de la ley 18.308 promulgada en el 2008 que apunta a la función social de la propiedad y a la limitación del derecho de uso de aquellos que la poseen frente a las carencias sociales de acceso a la tierra, el desafío apunta a la reglamentación de estos artículos para hacerlos efectivos y asegurar así la Inclusión territorial (asegurar a las familias de escasos recursos económicos el acceso a tierra urbanizada y bien localizada) y la justicia social (distribución más justa de los costos y beneficios del desarrollo urbano). Algunas ideas a implementar en función de este concepto del rol del suelo urbano como bien social, son la generalización de políticas locales de recuperación de plusvalías urbanas, la reglamentación legal de declaración judicial de abandono de inmuebles, fortalecer el apoyo técnico al procedimiento de ocupación (individual o colectiva) y dar continuidad al proceso de regularización de tenencia de la tierra en asentamientos irregulares, respetando el derecho a permanecer y/o a relocalizarse cuando las tierras son inundables o contaminadas.

Hay un abanico de propuestas en la misma dirección tendientes a profundizar una política de vivienda que se ha iniciado con los gobiernos del Frente Amplio que permiten unir el pensamiento de justicia social a la acción política que modo de lograr una modificación sustancial de las coordenadas de “lo posible” en materia de vivienda.

1 Silvana Pissano arquitecta y feminista, integrante de Alternativa Frenteamplista, movimiento de independientes que apoyan la candidatura de Constanza Moreira.

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